LOC: Lesión osteoncodral de astrágalo

07Jul19

El propósito principal de esta nota es divulgar información sobre la lesión del título y que pueda servir de interés a todos aquellos afectados por esta patología. Considero que puede ser de gran ayuda pues yo, como persona que la ha padecido (hoy aún en rehabilitación), he sufrido primero la desinformación y después el consecuente desamparo, al ser incapaz de informarme correctamente por los cauces habituales, al dar con galenos cuyo verbo no es su fuerte o con profesionales de la salud entre desinteresados e ignorantes.

Narraré una cronología del proceso, desde los primeros síntomas hasta mi estado actual. También escribir este texto me supone un alivio moral, por tanto, recomiendo a quienes quieran omitir detalles y obtener información pura y dura, vayan directos a la primera sección con fotos.

DE MOLESTIAS A DOLOR

Practicaba tenis con asiduidad desde hacía meses y fue después de un largo partido, donde empecé a sentir molestias en la zona del tendón de Aquiles. El hecho fue curioso pues después de caminar largo con una amiga en una jornada turística posterior al partido, noté un hormigueo, una flojera, una sensación de debilidad en la zona, que sin llegar ocasionar un dolor fuerte que me impidiese caminar con normalidad, si comenzó a causarme una molestia que limitaba la seguridad de mis movimientos

Acudía al fisioterapeuta, llamemos “A”, que diagnosticó una tendinitis por sobrecarga. Me aplicó calor por ondas, masajes en la zona, microdescargas y frío, además unos estiramientos con los que parece mejoré.

Jugué después un partido más intenso, que completé sin problemas y marché unas semanas de vacaciones. Durante las mismas, conduje bastante, lo que en ocasiones me provocaba un dolor agudo que remitía rápidamente, pero que tampoco resultaba limitante. Recuerdo en la bañera del hotel, cuando el chorro del hidromasaje apuntando al tobillo, me causaba esa sensación de hormigueo, de dolor puntual. Ese síntoma, en reposo, debió ponerme en alerta, de haber sido más consciente, claro.

Volví de vacaciones, maljugé a duras penas un partido más y pasé consulta con el fisioterapeuta “A”, que insistió en el diagnóstico. A mi me resultaba extraño, pues tras casi tres semanas de inactividad deportiva, que esa molestia persistiera … así que tras otra sesión y en vista que no mejoraba, recurrí al fisioterapeuta “B”, de mayor prestigio y amigo de la familia, al que no había acudido antes por la imposibilidad de su agenda.

La molestia pasaba de castaño a oscuro y comenzó a provocarme dolor al caminar. Empecé con una leve cojera, a cargar más peso en el pie bueno, si bien cuando se calentaba, podía caminar normalmente.

Le conté los mismos síntomas al fisio B y ya en la primera sesión, descartó que se tratara de una tendinopatía y apuntó al astrágalo. Intuyó que lo que pudo producirse es un desplazamiento del hueso y que fuera lo que me estuviera molestando. Me trabajó la articulación y la recolocó, orientando el pie hacia adentro y mi sensación de apoyo mejoró. Caminaba sin dificultad.

El efecto duró una semana. Él mismo, tras la segunda sesión, me dijo que me animase a practicar deporte de nuevo. Recuerdo que salí a trotar y cuando subí mínimamente el ritmo, aquello se convertía en un pinchazo inaguantable. Volví caminando a casa, algo desmoralizado, lloviendo para más inri. Pasaba otro mes y el calvario se prolongaba. No podía desatender mis compromisos laborales, así que salía andando de casa cada día, rumbo al trabajo, cada vez un poco más cojito.

AL MÉDICO DE LA SEGURIDAD SOCIAL

Dada la durabilidad de los síntomas y la ineficacia de los tratamientos, acudí al médico de cabecera. “Tendinitis”, expresó la señora/doctor digamos “C”, a confirmar mediante una prueba de rayos X y la posterior revisión de un traumatólogo. La cita para la radiografía era para dentro de dos meses. Imposible, me dije. Acudí a una clínica privada al día siguiente y me practicaron la prueba. Inmediatamente se la acerqué al “fisio B” y no era capaz de apreciar nada. Me instó a hacerme una resonancia magnética. Yendo el dolor en ligero aumento, no dudé en buscar una clínica donde practicarme la prueba de manera inmediata.

Y al día  siguiente allí estaba, con el pie metido en ese tubito que emitía ruidos y sacaba imágenes en 3D. El médico que supervisó la prueba y emitió el informe ya me puso en aviso nada más salir del tubo. “Sí, efectivamente, se aprecia una lesión en el tobillo. Esto es más de traumatólogo”. Por cómo lo expresó, entre quitándole importancia y dándome el pésame, ya se intuía algo no muy agradable. Pero bueno, al menos ya se ve que tengo algo.

Lo siguiente fue conseguir pruebas con el traumatólogo público ( y yo con el miedo de que no admitiese las pruebas realizadas en clínicas externas). Fue rápido, gracias que podemos elegir cualquier centro dentro de la región. Y aunque no fuera el más próximo a mi casa, el mismo viernes podía ser recibido por un “trauma”, como dicen en la jerga.

Bien, este trauma, argentino, fue un poco más expresivo que el médico anterior y frunció el ceño al ver el informe y dijo “Pibe, bufff ¿Cómo te hisiste esto? …. mmm.. bueno, no pasa nada, yo esto lo derivo a los especialistas de pie y tobillo y te llamarán. Lleva el CD con la resonancia al servicio de documentación para que lo digitalicen en los sistemas del hospital”.

Un poco más acojonado, yo no hacía más que leer el informe y leía “LOC: lesión osteocondral en la cúpula astragalina superior, de un centímetro cuadrado aprox”. ¿Qué narices es eso de osteocondral? ¿y de astragalino? ¿y un centímetro es mucho?. Y sobre todo ¿qué remedio habrá  a todo eso? Tocaba averiguarlo. Llevé el informe al fisio B, que es la única persona que demostró una empatía con mi estado desde el principio, por lo cual, le estaré eternamente agradecido y a la doctora C, como autoridad pública.

La doctora <<C,>> se limitó a apuntarlo en el ordenador. La prueba no le interesaba en exceso, así que ni solicitó su digitalización. Me permití comentarle en su cara, con toda la calma del mundo, que las pruebas concluían un diagnóstico muy distinto al de una “tendinitis”. Su rictus cambio por un instante, pero tras pronunciar una frase de manual: “con los medios que teníamos …”, recuperó su estado original. Su paga y su horario nunca se habían inmutado. Sus vacaciones  y su plaza fija tampoco lo harían. ¿En manos de quién estamos? “Malditos funcionarios” -sic-.

Al fisio <<A>>, también le llevé los resultados de la resonancia. En su caso, mostró algo más de empatía, intentado explicarme en qué consistía la lesión que padecía, pero ni un gramo de disculpas por su reincidencia en el diagnóstico erróneo de la tendinitis durante meses. ¿Les enseñan en la facultad a nunca admitir un error públicamente ni pedir disculpas por ello? Empecé a sospechar que sí. Quizá también su casa no le habían enseñado lo contrario.

Desde la aparición de los primeros síntomas al establecimiento de un diagnóstico habían pasado casi tres meses. ¿Por qué a mí? ¿De dónde me venía esto? ¿Dónde estaría la meta? Ni idea, pero más cerca seguro. Segurísimo. Optimista que es uno.

ENTONCES, QUÉ ES LO QUE TENGO

En mi caso, tras ponerle nombres y apellidos a mi padecer, lo que he sufrido ha sido una osteocondritis disecante. Adjunto fotos de las pruebas y comentamos qué es esto en cristiano.

 

Lo de osteo, se refiere a daño en el hueso y condral, se refiere a una lesión en el cartílago, que es una membrana gelatinosa que rodea la superficie del hueso, lo protege y evita que suframos dolor al girar nuestras articulaciones y se produzcan  roces entre huesos. Hasta donde yo entiendo, es como una esponja o amortiguador, ¿un silentblock si eres mecánico? Algo así, espero sirva la metáfora. El nombre de condral, se debe a que deriva de los condrocitos, que son las células que constituyen el tejido del cartílago.

 

Por otra parte, el tobillo lo forman tres huesos: la tibia, el peroné y el astrágalo (esta último es el primero hueso propiamente del pie, donde apoyan los otros dos). Lo dos bultitos o protuberancias que tenemos a un lado y otro del tobillo, son los maléolos, (externo e interno) que en realidad, forman parte de la tibia y el peroné, y están como abrazando al astrágalo.

 

La lesión puede tener diferentes grados. En mi caso, lo que pasaba es que un trocito del astrágalo, estaba desprendido, como resquebrajado, descascarillado y se corresponde con las partes oscurecidas en las fotos adjuntas. En esa parte, al estar separada, no circula la sangre y es por eso que aparecen así, oscurecidas. Ese fragmento, no se había ido de su sitio, pero sí provocaba un roce y un dolor, por una fricción y un desplazamiento al caminar o girar el tobillo.

Por eso me dolía al caminar, porque se carga y se apoya peso en esa zona al andar. El milagro temporal del fisio B, se debió a que al colocar el hueso en una posición distinta, la zona afectada no sufría la presión normal al andar. Poco duró, claro.

¿CÓMO CÓRCHOLIS TE HICISTE ESTO, PIBE….?

Cómo me hice esto. Bueno, después de muchas cábalas, soy capaz de aseverar el origen de esta lesión. Jugando un partido de tenis en la segunda quincena de octubre, (como un mes y pico antes de acudir fisio A por primera vez) sufrí una torcedura al recuperar una posición lateralmente e intentar en vano, devolver un contrapié. Torcedura grave, que me dolió en su momento. Por no dejarlo a medias, acabé el partido (ganando, por cierto) eso sí , medio cojo. Pasado el trance, de forma sorprednente, no tuve dolores mayores, sólo una leve molestia, que desaparecía tras el calentamiento.

Después leí, que estas lesiones se producen por traumatismos continuados y en mi caso no quedan dudas. El esguince silencioso, abrió la lata, el brusco impacto de la tibia sobre el astrágalo en ese fuerte giro lateral, seguro causó afectación osea. El continuar jugando y saltando, cayendo peso en esa área, hizo el resto.

SOLUCIONES

Debía escuchar la opinión de los expertos y así hice. Consulté con tres doctores independientes y barajé otras opciones, asesorado por el fisio B. El problema de una lesión osteocondral, es que el hueso sí se regenera, con más o menos facilidad dependiendo de la edad del paciente y su estado de salud, pero el cartílago, al no circular sangre por él, no se regenera. Vamos, que los condrocitos se mueven menos que los ojos de Espinete. Enumeraré las soluciones que barajé, a modo de resumen:

  1. Infiltraciones de ácido hialurónico y tratamiento de fisioterapia. No llegaron a explicármelo bien del todo, pero entiendo que si tengo un fragmento de hueso despegado, ese liquido amortiguador que es en si el ácido, poco iba a solucionar de forma definitiva. No sé si se acompañaría con reposo, pero no me cuadró.
  2. Operación con aloinjerto. El tema consistía en coger cartílago de un cadáver compatible y ponérmelo a mí en el área faltante.
  3. Implante de condrocitos (ICC). La cosa aquí eran dos intervenciones. Una primera mediante artroscopia, para evaluar la lesión y tomar una muestra de cartílago sana. Ponerla a cultivar, que creciese durante un periodo de cuatro a seis semanas para después abrirme y ponérmela en área lesionada.
  4. Infiltraciones de RPG Endoret. Técnica pionera del trauma Mikel Sánchez. Básicamente te extraen sangre, la centrifugan, la aliñan, y esos factores de crecimiento ayudan a regenerar la zona dañada. Era obligado desplazarse a Vitoria para recibir el tratamiento, esperar lista y en palabras del mencionado doctor “No hay evidencias radiológicas en la regeneración de los tejidos” En mi caso, con el tamaño de la lesión, un cm. cuadrado, lo descarté. Mal, y luego cuento por qué.
  5. Condrogénesis autóloga inducida por matriz “Chondro-gide” (AMIC). Una sola operación. Te abren, te limpian el área lesionada, realizan microperforaciones en el hueso debajo del cartílago o hueso subcondral, y eso hacer que salga una babilla, tipo células madre o mesenquimales. A su vez, te tapan por encima con una membrana de colágeno sintético, derivada del cartílago porcino. Esa membrana tiene dos caras. Una impermeable, para limitar el sangrado de las heridas provocadas en el hueso y otra , que actúa como belcro de las células madre, para que se puedan adherir a esa superficie los nuevos condrocitos generados a partir de las células óseas.

LA DECISIÓN

Esta última técnica, la tenéis aquí descrita perfectamente por los dueños de la patente, y fue por la que opté: pincha para descargar este enlace

Tras consultar con la Dra Guillén, jefa de la unidad de tobillo y pie en la clínica CEMTRO, sobre la posibilidad de operar mediante artroscopia, ella misma me comentó que no sería posible hacerlo íntegramente. Es decir, si me decidía por la opción 3, una de las que me ofreció ella, la primera intervención si era por artroscopia. Pero la segunda, no. ¿Y si no es por artroscopia, cómo entraban al área lesionada? Pues entran practicando una osteotomía del maléolo interno. Dicho de otra forma, te rompen la tibia, sí, a la altura de ese bultito que comentábamos antes. Operan, limpian y para cerrar te ponen dos preciosos tornillo de titanio. En mi caso, de 3,5 cm.

Tras hablar con ella, perdí toda esperanza en operarme mediante artroscopia, pues no es sino su padre, el famoso Dr Guillén, quien introdujo en España en los años 70 esta novedosa técnica. Sí o sí me debía despedir de mi querido y original maléolo tibial. A continuación, imágenes de las radiografías tras la intervención:

 

Tras la intervención, el doctor me informó que el daño en el cartílago era del tamaño de una lenteja, y lo que más molestias me estaba ocasionado era la movilidad del fragmento oseo despegado. ¿Tenía sentido entonces la opción del aloinjerto que me ofreció un prestigioso médico D? No (aunque seguro que quería rentar la partida de muertos a la que tenía acceso). ¿La opción de las inyecciones hubiera funcionado? Opciones habría, desde luego, por ser tan pequeña la zona condral afectada. Pues, no es que me faltase un centímetro de cartílago. No. El centímetro cuadrado era el área total lesionada y la deducción del tamaño de la lesión condral, fue una mala apreciación del fisio B por la que ignorantemente me guié.

Cuarenta y ocho días de férula o canoa, desde la rodilla hasta el pie. Sin apoyar nada nada nada. Es decir, a la pata coja con muletas. Pierna en alto el máximo tiempo posible y después de este periodo, empezar a apoyar despacito. Entre medias, un par de curas de la herida y retirada de puntos (ocho, en mi caso). Como no, pinchazo diario de heparina. Después, retirada de la férula y diez sesiones de rehabilitación tres días por semana para recuperar la movilidad. Ya a la segunda semana empiezo a caminar sin muletas. ¡Bien! De vuelta a la vida autónoma.

Entro en la última semana de rehabilitación mientras escribo estas líneas. En el documento adjunto  (opción 5) va una tabla de tiempos, que en mi caso, parece se está cumpliendo; y que dice que a los 3 meses de la intervención, podrás hacer ciclismo o natación y a los 6, volver  a la actividad deportiva plena. Aunque mi doctor me dijo que para tenis, un año mínimo. Tocará ser pacientes.

Del tema dolores, os diré que el mayor sufrimiento se produjo a las 12 horas después de la intervención, debido a la osteotomía y que por cierto, la contemplé entrevelado. Una anestesia raquídea te hacía no sentir nada inmediatamente de piernas hacia abajo, pero la conciencia si funcionaba y lo que me aplicaron además fue una ligera sedación. Estaba adormilado, como drogado. Tuve la visión de tres momentos claves en la operación. El inicio, sentir tocamientos y golpes en mi tobillo, viendo maquinaria en el quirófano y al final, cuando me cosían. Tenía el convencimiento al salir del quirófano que la operación había durando media hora, cuando en realidad duró casi dos. Sí tuve tiempo de percatarme que grupo notorio de estudiantes presenció la intervención y había un hombre algo más mayor, que guiaba al que era mi doctor responsable.

La operación fue a medio día y la tarde la pasé bien. Pero la noche, ay amigo, qué dolores. Y es que eso de te rompan un hueso y te lo unan con tornillos…pues como que no hay calmante que te alivie. El dolor fue remitiendo gracias a Dios y pasadas 72 horas de la intervención, apenas tuve momentos agudos en forma de pinchazos en la semana siguiente. Ya no tomé medicación, ni siquiera ibuprofenos, a partir del quinto día.

COMENTARIOS FINALES

Según las leyes de la Autonomía de Madrid, todo madrileñito de a pie tiene derecho a una segunda opinión clínica en un centro distinto del que le ofrecieron diagnóstico original en menos de una semana. Aquí la norma. He removido Roma con Santiago y es mentira. Papel mojado. Ni 48, ni 72 horas ni una semana. Este derecho es simplemente ciencia ficción.

Espero que el relato ayude a cualquier persona que un día busque desesperado información por internet. Siéntete libre de preguntarme lo que quieras en forma de comentario. Hay datos que he omitido, por no hacer más largo el texto, como las peleas con el personal de administración de distintos centros públicos y privados, que cómo no,  han provocado retrasos y quebraderos por la rigidez burocrática de la que son fieles siervos, a la que suman su desidia e ineptitud. Prefiero olvidarlo.

También los nombres de los doctores y centros médicos, pues, a pesar de sentirme con la libertad de hacerlo, prefiero preservar en principio el anonimato de los profesionales.

Sólo espero poder recuperarme plenamente, y ya parece que voy mejor. Andar sin dolores es un logro para mí hoy. El área está un poco inflamada tras estar rato de pie y la cicatriz visible (me he estado echando rosa mosqueta y algo hace).  Por cierto que a la cicatriz no dé el sol.

A los seis meses, puedo optar quitarme los tornillos con una sencilla operación ambulatoria y anestesia local. Básicamente te meten un tajo y con la Blak&Decker desatornillan. Al rato sales andando. No sé si lo haré. En teoría no deben molestarme. También ser expulsados por el propio cuerpo al cabo del tiempo.

Antes de retomar cualquier actividad deportiva, me practicaré otra resonancia magnética o TAC -creo que si mantengo los tornillos, la reso sale mal-; me lo indique el médico o no, pues considero que una prueba 3D es básica para contrastar empíricamente que eso, esta curado.

Si has llegado aquí, amigo, sólo te digo una cosa más. Suerte y paciencia,  mucha paciencia. Y sobre todo, ¡salud, mucha salud!

 

 

 

 

 

 



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